Estados alterados de conciencia

Parece  que en este mundo moderno nuestro  se recurre a estimulantes como música estridente, drogas, alcohol, café y tabaco con el único ánimo de calmar la ansiedad o de evadirse. Pero en otras sociedades  los estados alterados de conciencia eran buscados de forma sistemática por otras y muy interesantes razones. Tal vez lo nuestro sea un recuerdo lejano de aquellas prácticas antiguas.

Y es que un estado de consciencia alterado,  el hipnagógico, por ejemplo, ese en que estamos cuando nos despertamos, todavía medio dormidos, todavía poco conscientes, es enormemente creativo.

Es un estado de semiconciencia donde percibimos distintos estimulos que van desde imagenes fuertemente simbolicas, voces, sonidos, música, percepcion de universalidad y otras experiencias de diversa indole, casi siempre las percepciones son clariaudientes o clarividentes, es decir que las percibimos como si fueran la realidad misma.

Einstein y Dalí, por ejemplo, buscaban ese estado a propósito para resolver problemas complejos que se les habían resistido estando plenamente conscientes. Casi todas las personas recuerdan haber solucionado algo pendiente de esa forma.

Para la ciencia más ortodoxa estas experiencias no son más que eso, pseudoexperiencias que como mucho nada más revelan la prolífica actividad del cerebro pero que no guardan ninguna conexion con la realidad más que, al igual que los sueños, ser el eco de las experiencias vividas.

Las creencias ancestrales de muchos y diversos pueblos, sin embargo, y que han llegado hasta nosotros, insisten en que en estados alterados de consciencia  podemos analizar nuestro interior y además de procurarnos un mayor control y conocimiento de nosotros mismos,  solucionar dudas, inspirarnos, calmar las penas y la ansiedad.

Partiendo de las experiencias anteriores, cada cultura ha desarrollado sus propias técnicas para entrar en estados alterados de conciencia. En América del norte por ejemplo, se pueden utilizar baños de vapor llamados inipi o temazcal, que combinan el uso de elementos como el fuego, el agua, el aire, el contacto con la tierra, y el uso de plantas. Para llevarlos a cabo se aprovechan fechas particulares del año y fases lunares (luna llena) o puntos geográficos que se considera, tienen una energía especial. Se recurre además a cantos e instrumentos de percusión. En algunos casos, se puede llegar a consumir plantas psicotrópicas.

En oriente, se han utilizado la repetición de mantras, o se han desarrollado prácticas sexuales de tipo tántrico o taoísta, que potencian la energía orgásmica. También están las técnicas de la meditación, que hacen uso de posiciones corporales y del manejo profundo de la respiración.

Puesto que los estados alterados presentan una visión diferente de las cosas, se puede caer en la cuenta de aspectos que de ordinario se mantienen ocultos. También es posible recibir inspiración para realizar una obra de arte, para resolver un problema matemático, para solucionar un asunto vital que antes nos parecía irresoluble. En otro sentido, el conocimiento que se obtiene es sobre la propia persona, de manera que es posible entenderse y aceptarse mejor, y encontrar el camino sobre el cual continuar desarrollándose.

Ha sido siempre muy citada la experiencia con un estado de ensueño del científico Kekulé en la que por fin pudo dar con la solución a la estructura del benceno después de mucho intentarlo en la vigilia.

Este asunto de los estados alterados de consciencia me ha interesado siempre muchísimo, pero intento guardar dos  cautelas a mi juicio imprescindibles. La primera, no usar drogas y mantener el control de lo que hago; la segunda, no creer que lo que se “conoce” de esta forma es incuestionable.

Así que me sumo a la frase del ya citado Kekulé:

Si aprendieramos a soñar, señores, entonces quizá encontraríamos la verdad… Pero debemos tener cuidado de no publicar nuestros sueños antes de someterlos a prueba con la mente despierta.

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