Monroe reflexiona sobre las OBEs. Cómo nació el Instituto Monroe.

(continuación del post anterior)

Yo tenía que hacer algo. Necesitaba las respuestas, y estaba seguro de que no las encontraría en un ashram indio. Mis procesos del pensamiento eran el producto de la civilización Occidental, para bien o para mal. Por consiguiente, para proporcionarme ayuda sistemática y también recoger información relacionada a este extraño asunto desconocido, preparé una división de investigación y desarrollo privado en la corporación que poseíamos mi familia y yo. Esta división terminó siendo lo que es ahora El Instituto Monroe.

Así el propósito original fue solamente para mi propia y personal  resolución de aquellos problemas urgentes: para convertir mi miedo a tanto elemento desconocido en conocimiento, si era posible.

Eso significaba aprender cómo controlar y entender el proceso de experiencia fuera del cuerpo. Y en aquellos momentos  yo era el único que necesitaba tal ayuda, así que el motivo era personal y egoísta, no profundo, ni idealista, o noble. No ofrezco ninguna disculpa para esto; al fin y al cabo fui el que pagó las facturas.

En una comprensión contemporánea, el OBE es un estado de conciencia dónde usted se percibe como distinto y separado de su cuerpo físico. Esta separación puede ser de dos pulgadas o dos mil millas, o más. Usted puede pensar, puede actuar, y puede percibir en este estado de una  manera bastante parecida a como usted lo hace físicamente, aunque con algunas excepciones importantes.

En las primeras veces de actividad de estas fases de OBE, usted parece retener la forma de su cuerpo físico, cabeza, hombros, brazos, piernas, y demás. Sin embargo, en cuanto se va sintiendo más familiarizado con ese otro estado de ser, puede volverse menos humanoide en la forma. Es similar a la gelatina cuando es sacada del molde. Por un período corto retiene la forma del molde, luego empieza a fundirse alrededor de los bordes y finalmente se vuelve un líquido. Cuando esto pasa en un OBE, sólo le lleva el instante de pensarlo y ya vuelve usted a ponerse totalmente humano de nuevo en la forma y la figura.

Esta descripción deja claro que este segundo cuerpo es sumamente plástico. Sin embargo, es muy importante saber que, cualquiera que sea la forma, usted sigue siendo usted.

Acerca de adónde va usted y lo que puede hacer, parece no haber ninguna limitación. Si la hay, no la hemos encontrado. En un estado fuera del cuerpo, usted ya no se limita por el espacio –  tiempo. Usted puede estar en él pero no ser parte de él. Usted – su ego del no físico-  está cómodo en ese otro sistema de energía. Sin embargo usted no es totalmente libre. Está como un globo  o una cometa atados a un hilo. Al otro extremo del cordón – el cordón invisible- está su cuerpo fisco.

Muy pronto en nuestra investigación comprendimos que vivimos en una cultura y civilización dónde el despertar de la consciencia no física no es fácil. Enseguida surgen preguntas que no pueden encajarse o no pueden contestarse dentro de los confines del actual Saber  o de los Sistemas de Creencias contemporáneos. Así que empezamos a trabajar en general con preguntas sobre la consciencia. ¿Qué  pasa si caemos en  estados inconscientes a través de un golpe en la cabeza, susto, desmayo, alcohol o drogas o dosis excesiva de anestesia, sueño, o muerte? ¿Es la conciencia como un campo magnético producido por un electroimán que deja de existir una vez la electricidad está apagada o  cortada? ¿En ese caso, se pone más débil o más fuerte si nosotros variamos la corriente eléctrica?  Si realmente hacemos eso, lo estamos haciendo sin ningún  conocimiento. ¿Cómo podemos controlar tal acción?, ¿es posible?

Es bastante fácil plantear estas preguntas que simplemente engendran más preguntas sin  respuesta. Nos dimos cuenta pronto de que existía una enorme fisura en la información. Necesitábamos alguna premisa que pudiera indicarnos una dirección que seguir.

Nos movimos hacia afuera para buscar las explicaciones materialistas. ¿Puede la conciencia continuar cuándo la corriente es reducida? Inmediatamente empezamos a encontrar ejemplos.

El problema es que cuando se está fuera del cuerpo perdemos la consciencia y sin embargo todavía la tenemos, nuestra memoria está pero es algo extraña, algunos de nuestros sentidos físicos trabajan y algunos no, y así sucesivamente. Al final, no tenemos la conciencia total esa con la que  nos gusta pensar, y por consiguiente no consideramos ese estado como válido.

Normalmente un cuerpo sostiene el pensamiento ya que si usted no puede mover su cuerpo físico, o si no responde a estímulos, usted no está consciente como suele entenderse el término. O si usted no puede comunicarse por las normas actuales se piensa que usted no está consciente. Pero sabemos que ha habido muchos seres humanos comatosos que han continuado estando conscientes, solo que ellos simplemente no tenían los medios para comunicarse físicamente.

En El Instituto Monroe en los años sesenta empezamos no sólo la investigación histórica en los aspectos de conciencia sino también el estudio de eventos fuera del cuerpo, míos y de otros. Descubrimos que muchos OBEs estaban relacionados con estados del sueño y que eran catalogados como simples sueños – excepto en que no tenían la cualidad neblinosa e irreal asociada al hecho de soñar.

Otros OBEs espontáneos han ocurrido bajo la anestesia durante la cirugía, cuando el paciente se encontró seis u ocho pies sobre la mesa de operaciones y después informó lo que  oyó y vio con precisión desde esta perspectiva que obviamente no era una posibilidad física. Eventos como éstos son frecuentes pero de la mayor parte nunca se informa públicamente.

Otros OBEs incidentales ocurren durante lo que se considera como los períodos inconscientes causados por accidente o lesión. Pero tendemos a catalogarlos como eventos imposibles y como enseguida se vuelven lejanos y difusos en la memoria, los consideramos como anomalías o sucesos que realmente no pasaron. Nuestros sistemas de Creencias no permitirían interpretarlos  de otra manera.

Robert Monroe La última jornada

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