Reunión de madres sin hijos

Ayer fue un día especial. Gracias a Flor y a su llamamiento, nos reunimos veintincinco madres (y algún padre) sin hijos. Fue un día intenso de emociones, en el que pude poner cara, y voz, y movimiento a algunas madres dolientes como yo que escriben comentarios, o enlazan mis bitácoras. A otras que conozco en Facebook.

Mil gracias por ser. Por haber estado allí. Por compartir vuestra experiencia. Por las lágrimas y por las risas.

Hoy amanezco temprano, como siempre, y me invaden vuestras historias vitales, vuestras energías amorosas, los recuerdos de los hijos e hijas que nos faltan y que nos hemos contado unos a otros.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo voy
de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano está rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes,
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero mirar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera,
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas
y tu sangre se irá a cada lado,
disputando tu novia y las abejas.

Me gustaría seguir sabiendo de todos vosotros, volver a vernos de forma periódica, compartir nuevas experiencias …

Cuidaos mucho. Abrazos de oso.