Como conocí el Hemi-Sync (2)

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Vimos anunciado el curso de fin de semana EXCURSIÓN  I justo al final de un verano horrososo en el que no habíamos podido disfrutar de las vacaciones por cuidar de nuestros mayores,  justo cuando el estrés parecía que iba a poder con nosotros. Y lo mejor era que podíamos acudir a una demostración gatuita para echarle un vistazo a la instructora, a la sala donde se hacía y, sobre todo, a la técnica, ¿qué podíamos perder acudiendo? ¿un par de horas como mucho? Nos hicimos la firme promesa de salir zumbando ante  cualquier detalle mínimo que nos diera mala espina.

Pero no. Fue todo lo contrario.

Nos sentamos para ver una presentación en una gran pantalla y nos proporcionaron unos auriculares inalámbricos para que comprobáramos que había diferentes sonidos en el terminal izquierdo y en el derecho. Luego nos explicaron un poco las características científicas del sistema. Finalmente nos tumbamos en unas colchonetas y escuchamos sonidos increiblemente relajantes. Fue muy agradable y nos pareció que hacer el curso podía valer la pena, así que nos inscribimos.

La verdad es que no podíamos imaginar cuánto nos iba a impresionar ese curso.

(continuará)

El lugar donde el cielo y la tierra se besan


Un día un mercader de cierta caravana se dirigió a su compañero y le dijo: “ven, te enseñaré el lugar donde el cielo y la tierra se tocan tan estrechamente, que parece que se están besando”.

Durante mis viajes he buscado este lugar, más aún, siempre encabeza mis itinerarios. Pero en cada viaje acabo decepcionada. Cada vez que creo haber encontrado el lugar, parece que me elude.

Mientras maduramos espiritualmente nos damos cuenta de que no necesitamos ir muy lejos para encontrar el lugar descrito por el mercader. No tenemos que aventurarnos alrededor de medio mundo para encontrarlo, ni aislarnos de los otros para poder ver el lugar más claramente.

Y eso es lo que muchos de nosotros nos percatamos un buen día: de que el lugar donde el cielo y la tierra se tocan es donde estamos parados, siempre y cuando ponemos la intención. Está en nuestro interior.

Cómo conocí el Hemi-Sync®

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Era el año 2005 y estaba en una fase muy difícil de mi vida. Tras el  horror de perder a nuestro hijo mayor de forma repentina, apenas seis meses después había tenido que asumir el cáncer de mi madre, su duro tratamiento y el fatal desenlace de su muerte, que se produjo finalmente apenas unos días después del primer aniversario de Rodrigo. La vida parecía conspirar en nuestra contra: mi padre se sentía muy solo y triste, la salud de mis suegros se rompió del todo (añádase aquí una serie de ingresos hospitalarios) y nuestra pobre y reducida familia de tres apenas conseguía sobrellevar tanta pena junta.

El shock del asesinato de nuestro hijo nos había causado un fortísimo impacto, no sólo emocional, sino físico y mental (realmente, va todo junto). Y el cúmulo de circunstancias adversas que le siguieron no ayudaba nada a nuestra recuperación.

Se me olvidaban los nombres de mis compañeros de trabajo, no recordaba dónde había guardado documentos importantes, me resultaba muy difícil concentrarme y era una tortura preparar clases o corregir exámenes, algo absolutamente necesario para el día a día en mi oficio. No sólo era el duelo durísimo y doble, también dormía mal, con sueños agitados, y el cansancio me vencía enseguida.

Mi médico de cabecera me había derivado al psiquiatra, pero sólo fui una vez. Era un tipo pedante e insensible que apenas me escuchó  dos frases, rellenó cinco recetas con medicamentos varios, y me aseguró pomposamente: “Eso te lo curo yo en un mes”. Así que acepté un tratamiento suave con mi médico de siempre, pero no quería depender de fármacos para dormir o para calmar la ansiedad subterránea que me acompañaba como una segunda piel.

Un día,  mi querida Marga, una de las nuevas amigas  que había hecho entre los que somos “huérfanos de hijos”, me habló de una técnica estupenda para relajarse con música que me llamó la atención.

La verdad es que yo no estaba del todo convencida,  porque pasarme un fin de semana con auriculares me daba un poco de miedo. ¿Y si no lo soportaba? ¿Y si aumentaba mi fonofobia? Además quería compartir la experiencia con mi  marido y él se mostraba reticente. No quería verse en medio de algún curso esotérico raro, con gente también extraña, y haciendo cosas que no le apetecían en absoluto.

(continuará)

Algunas reflexiones

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No me olvido de esta bitácora, ni de los posibles cursos. Lo que pasa es que tengo muchas obligaciones laborales y debo cuadrar todos mis calendarios antes de permitirme nada más.

Con todo mi bagaje a cuestas, tengo estas fechas posibles para hacer mi primer curso:

19-20 de febrero

11-12 de junio

Como se puede ver, en los meses intermedios no puedo ni planteármelo. Y por eso he estado dudando si era conveniente lanzarme en febrero para luego dejarlo todo a un lado hasta el final del curso lectivo, si no era más consecuente  esperar a junio y que fuera todo con más serenidad.

Así que que os hago la pregunta a los posibles interesados: ¿cuántos queréis que sea dentro de un mes? Si sois cuatro al menos, entonces hago el curso de febrero.

Facebook y otras cosillas

Podéis encontrarme  en Hemisync Getafe  donde el contacto es siempre más rápido y podéis estar al día de las novedades.

Todavía no tengo calendario de actividades porque antes he de cuadrar todas mis obligaciones profesionales de este trimestre.

Tengo en mente hacer este año:

1.talleres breves anti-estrés

2. talleres breves para mejorar la concentración y la eficacia de las actividades de estudio

3.talleres breves para ayuda en el duelo

4. cursos Excursión I de fin de semana

Os iré contando.